Caballeros de Nostradamus · No. 3
Una profecía escrita hace cinco siglos señala a una niña de nuestro tiempo como la clave del futuro de la humanidad. Cuando Nostradamus, Leonardo da Vinci y el Conde de Saint Germain regresan a escena, el misterio avanza hacia una conclusión tan inevitable como imprevisible.
4.5 estrellas globalmente · reseñas de lectores reales
Personajes
Personajes principales

Ricardo Díaz
Personaje principal
Ricardo Díaz creció en una familia adinerada en Costa Rica. Estudió Derecho y trabajó en el Banco Mundial antes de iniciar una carrera diplomática. Su sueño era ser embajador en Italia, pero perdió la plaza frente a su primo hermano Arthur, lo que desencadenó una profunda depresión. La muerte de su madre y la ruptura con su prometida Tatiana lo llevaron al borde del suicidio.
Tras el asesinato de Arthur, pospone su decisión y acepta el cargo de embajador en Roma para investigar y tratar de resolver el misterio de su asesinato. Conoce a la periodista Alessandra Rocca, quien también investiga.

Fátima Malik-Oberstend
Personaje principal
Abogada marroquí-holandesa, especializada en derechos humanos y de la mujer. Fundó una ONG junto a su madre para asistir a mujeres víctimas de abusos en Marruecos. Su padre es abogado y diplomático amigo del rey de Marruecos. Su madre es una abogada holandesa. Estudió Derecho en Holanda y una especialidad en Navarra. Conoció a Ricardo en un centro comercial en Marbella. Tiene un pasado misterioso.

Athena Dubois
Personaje principal
Athena es la hija de Angelique Dubois , huérfana criada en un orfanato en Martinica. Posee el don de profecía . Mencionada por el profeta Salomón de Amiens en un manuscrito del siglo XVI, y dibujada cuatro siglos atrás, es buscada para cumplir la profecía de Salomón. FSu papel en la profecía es fundamental.

Doménica Le Blanc
Personaje principal
Heredera suiza, con un 25% de acciones en dos bancos (uno en Suiza y otro en Luxemburgo). Artista y astróloga. Tiene acceso a un jet bancario. Su padre coleccionaba autos antiguos.
Es novia de Stéfano y amiga de Jacinta Schneider.

Jean Chretien (J.C.) Perrier
Personaje principal
Billonario francés, presidente de Industrias Perrier.
Desciende de Francesco Perrier (Conde de Saint Germain).
Hombre de temperamento de acero, poderoso y decidido, pero vulnerable emocionalmente.
Lidera la búsqueda de las columnae.

Stéfano Della Croce
Personaje principal
Stéfano Della Croce es un arqueólogo en sabático. Creció en Costa Rica como hijo único, perdió a su padre y abuelo a los diez años, y fue educado por su madre con esfuerzo.
Se convirtió en arqueólogo gracias a una beca de Lawrence Miller, su mentor.
Es un hombre atormentado por sus errores pasados: un matrimonio fallido, infidelidades... Su principal motivación es proteger a su hija Samantha y descubrir la verdad sobre su herencia y la profecía que lo involucra.
En esta novela: Stéfano comienza a descubrir los secretos de su familia. Se ve obligado a abandonar su vida normal y enfrentarse a un poder oculto que lo persigue. Su evolución implica aceptar su destino como 'el elegido' y aprender a confiar en Rachel mientras desentraña el misterio del meriáa pyramis.

Leonardo Da Vinci
Personaje principal
Leonardo da Vinci, el genio del Renacimiento, fue el maestro de Nostradamus y Melzi. Les transmitió conocimientos esotéricos, les legó el cáliz de los profetas y los manuscritos, y les reveló parcialmente el secreto de la inmortalidad. Primero aparece en los recuerdos de Nostradamus, especialmente en su lecho de muerte y en las enseñanzas a sus discípulos. Su decimotercera profecía es el eje de la trama.
Pertenece a una raza de profetas capaz de ver ondas en el éter y predecir el futuro. Busca el cáliz de bronce perdido (el objeto más preciado de los profetas) para realizar un ritual de visiones antes de la inminente crisis. Hoy vive como Piero Vinci, el arquitecto más famoso del mundo.

Francesco Melzi, conde de Saint Germain
Personaje principal
Francesco Melzi, conde de Saint Germain, fue el discípulo favorito de Leonardo da Vinci. Heredó sus manuscritos y, tras la muerte del maestro, descubrió junto a Nostradamus el elixir de la inmortalidad. Ha vivido como un noble errante, a veces usando el alias de conde de Saint Germain. En esta novela, vive retirado en París, meditando sobre el ciclo de la vida. Es sorprendido por la llegada de un moribundo Nostradamus y juntos intentan evitar el apocalipsis.

Isaac Newton
Personaje principal
Sir Isaac Newton ha pasado cuatro siglos recolectando conocimiento arcano. Vive en un castillo en Woolsthorpe, Inglaterra. Desarrolla un artilugio que según cree, podría ayudar a evitar el apocalipsis.

Lawrence Miller
Personaje principal
Arqueólogo de la Universidad de Nuevo México. Mentor de Steven Giambruno, Stéfano Della Croce y David Vinecourt.
Lawrence Miller fue contratado en 1985 por el consejo de billonarios para analizar la Biblia de Gutenberg, donde descubrió el código secreto del meriáa pyramis y un segundo código sobre una profecía que involucraba a su propia familia. Conocía los secretos del consejo y tenía acceso a información de primera mano sobre sus planes. Su motivación era cumplir la profecía y revelar la verdad a Stéfano antes de morir.

Maurizio Forte
Personaje principal
Maurizio Forte comenzó su carrera como un precoz multimillonario gracias a la bolsa de Londres. Su ambición lo llevó a crear un consejo que controla áreas clave como la banca, los medios y la energía. Cree que el meriáa pyramis le otorgará la inmortalidad y el poder absoluto. Es amigo de Antonelli desde Oxford y juntos han buscado el objeto durante décadas. Su motivación es el poder, pero con el tiempo su filosofía se ha vuelto más oscura y corrupta.
En esta novela Forte recibe la noticia del hallazgo del lingote de plata . Apoya a Antonelli en la búsqueda de Stéfano y está dispuesto a usar todos sus recursos para obtener el meriáa pyramis. Su influencia es omnipresente a través de Antonelli y el consejo.

Michel de Nostradamus
Personaje principal
Michel de Nostradamus es el famoso profeta del siglo XVI, que en 1566 fingió su muerte y ha vivido durante siglos como consejero, médico y astrólogo en cortes europeas, ocultando su identidad. Posee el don de profecía heredado de una larga estirpe, y es portador del cáliz de los profetas. En esta novela, reaparece tras siglos de silencio para evitar el cumplimiento de la decimotercera profecía de Leonardo da Vinci, que predice el fin del mundo.

Roberto Antonelli
Personaje principal
Roberto Antonelli es el mejor amigo y colaborador de Maurizio Forte, a quien conoció en Oxford. Juntos fundaron el consejo de billonarios y dedicaron su vida a buscar objetos sagrados. Fue Antonelli quien encontró la Biblia de Gutenberg en una cripta de Roma y quien siguió a Miller a Costa Rica para obtener información adicional. Su motivación es la inmortalidad y el poder. Es un hombre de gran erudición, pero moralmente ambiguo, dispuesto a todo por sus objetivos.

Sacerdote Alberto Giusti
Personaje principal
Sacerdote italiano que ayuda a Ricardo y se convierte en su aliado de confianza. Su rol exacto en la trama aún no se ha revelado completamente, pero se insinúa que será pieza clave.
Lo Favorito del Autor
La parte favorita del autor en esta novela:
Es la historia de Athena en Martinique, toda Athena… cada vez que la reviso, termino sufriendo lo que vivieron los personajes.
Primeras Páginas
1
París, 21 de diciembre, 1.11 p.m.
Michel de Nostradamus nunca estuvo tan cerca de la muerte como esa tarde fría en una calle secundaria del sexto arrondissement de París.
Tres disparos mudos.
Piel, vísceras, huesos, órganos penetrados a la vez.
Sintió el metal en sus entrañas y su cuerpo impactando con fuerza el pavimento. Lo sintió todo, lo vivió todo, como si no fuese él quien lo sufría, como un mero testigo incapaz de intervenir.
Tras el último disparo, bajo la mirada eufórica de los perturbados ojos de su asesino, observó a un desconocido abalanzarse contra aquel. Los tres cayeron simultáneos y la cabeza del sicario golpeó con fuerza un poste para luego estrellarse contra el suelo.
El tiempo iba lento.
Tendido en medio de la acera, con un disparo en un brazo, uno en el estómago y otro en el pecho, la sangre le manaba a borbotones y formaba un charco en torno a él, mezclándose con gotas de la llovizna que caía y con la sangre del atacante que yacía muerto a su lado: no había vida en sus ojos abiertos, el golpe en el cráneo fue mortal. Michel vio el alma del desdichado elevarse confundida hacia los cielos. O quizá lo imaginó. Su salvador desconocido se incorporó y los miró. Con terror y desesperación en el rostro, sin confirmar si vivían, echó a correr y se alejó.
El dolor era muchísimo, no recordaba haber sentido nada así. Tuvo miedo de que su jornada acabase allí inconclusa. Si no hacía algo, y pronto, se desangraría.
Cerró los ojos, algo que trataba de evitar a toda costa. Cuando los abrió, no supo cuánto tiempo había pasado. ¿Segundos? ¿Minutos? El tiempo obedece a reglas diferentes cuando se está en los últimos momentos. Escuchó las manecillas de su Rolex, uno de 1931, marcando inexorable los segundos, como si fuese la cuenta regresiva para el fin, para su «omega».
Respiraba con dificultad, y sentía cómo su alma comenzaba a abandonarlo para iniciar el corto viaje hacia la otra dimensión.
¡No! No podía morir así, no podía acabar tirado en esa acera.
Tendido en el pavimento, sin fuerzas, casi sin vida, sintió la absurda seguridad de que esa tarde no sería su omega, pues el influjo de energía de una hora antes significaba un nuevo comienzo.
Era ahora o nunca.
Caminar o morir.
Faltaban cien metros.
Concentró las fuerzas en sus piernas y se incorporó, con una mano en el estómago, otra en el pecho, y la sangre empapando su camisa. Puso la mirada alta en esa calle confabulada con la lluvia y con el frío para estar desierta, y arrastró sus pies, un paso, después otro, reprochándose no haber hablado antes, no haber descrito sus visiones, no haber sido más explícito.
¿Qué sentido tiene saber si no se puede hablar?
¿Autoinfligirse masoquista tortura?
Escribió lo que sucedería, pero para no traicionar a sus predecesores, usó el mismo lenguaje velado con tres capas que usaba la voz para describir los eventos. Falló. Dejó pistas que nadie entendió a pesar de saber lo que sucedería. Cambiaron pequeñas cosas —la gente altera el todo cuando persigue su destino—, pero en lo grande, en lo fundamental, lo que vio sucedió, o algo muy parecido.
Mientras sus visiones se cumplían una a una, erró por el mundo, viviendo, aprendiendo, esperando, atento a las señales que lo guiasen y le indicasen cómo actuar, siempre listo a intervenir si las cosas no cambiaban. Su misión era clara: combatir la horrorosa visión que Leonardo plasmó en su decimotercera profecía, de la cual él mismo tuvo un destello; la profecía más importante y aterradora porque, después de ella, no quedaba más que ver.
Esta vez no sería un simple espectador del fin como le ordenaban los escritos. Haría algo radical, no estaba seguro de lograrlo, pero quería la oportunidad de intentarlo.
Le faltaban cincuenta pasos.
Cuarenta.
Treinta.
Veinte.
Diez.
Llamó a la puerta.
Un rostro que no veía desde hacía siglos apareció. Desplomándose en sus brazos, balbuceó frases tratando de explicar un momento que no tenía sentido.
«Nos descubrieron… Comenzó el apocalipsis… Debemos evitar el fin del mundo…».
2
El 21 de diciembre es un palíndromo de gran significado.
Sus números centrales, al contraponerse, forman omega:
Ω
1 2 2 1
Alfa - omega - alfa
Principio - final - principio
El alfa y el omega que resumen la historia del mundo y de la vida, y hacen que ese día los humanos entren en una frecuencia especial que les permite sentir la esperanza de un renacer y la ilusión de una nueva oportunidad.
Michel de Nostradamus, cuya vida giró siempre en torno a números y símbolos, conocía su otro significado esotérico: es la fecha de la séptima iniciación del hombre, el último escalón del iniciado en el cual los iluminados trascienden su humanidad.
Siglos antes, sus maestros le enseñaron a entrar en un trance profundo, a esperar por la iluminación: la elusiva consciencia cósmica descrita por Richard Maurice Bucke que ha permitido a algunos seres especiales en la historia dar vistazos a las verdades del cosmos. Michel intentaba alcanzarla año tras año.
Lo más cercano a iluminarse ocurrió en el 2012, tras la apertura del portal descrito por los mayas y otras culturas, cuando la energía del universo fluyó a la tierra como no lo había hecho en veinticinco mil años.
La puerta se abre, el todo fluye en calma, el cosmos nos espera entre sus brazos.
Se cumplió así el primer verso de la decimotercera profecía, la primera señal avisando de un gran omega y un gran alfa cercanos que invitaba a sentir la brisa calma que precede la tempestad.
Tras su reciente y trágica experiencia con el Círculo de Poder, su don de profecía había retornado después de años enterrado en lo profundo de su psique. No podía ser casualidad; parecía más bien una señal, un faro anunciador de la cercanía de ese destino.
Ese día inició como los otros, con la lectura de Le Figaro, periódico que vio nacer dos siglos antes y para el cual escribieron algunos amigos, Emile Zola entre ellos. No abandonaba la costumbre de leerlo cada mañana, aun sabiendo que las noticias serían las de siempre. El mundo cambia poco, evoluciona poco pese a lo mucho que parece cambiar a lo externo. Actores y escenarios diferentes, pero las mismas emociones, las siete pe: poder, privilegios, pasiones, prejuicios, persecuciones, protestas, paranoia, y las guerras, sufrimientos e injusticias atrapadas en el medio.
A la hora exacta del solsticio, que ese año coincidía con el 21, cerró los ojos. Tres, dos, uno, y se trasladó. Así de fácil caía en trance. Siglos de práctica le permitían desconectarse de la realidad para refugiarse en los recodos de una psique a su vez conectada con el todo.
En su mente desfilaron como en bucle las distópicas imágenes del futuro maldito; ahora, las antes borrosas se aclaraban como si el futuro amenazase con convertirse en el presente.
Así pasaron horas, sin que el tiempo, en ese trance, tuviese significado ni sentido.
Abrió los ojos.
Fue entonces que vio el péndulo. Con su ritmo lento pero inexorable, el péndulo infinito —cuyas manecillas acompañaban sus días desde hacía cientos de años—, marcó las doce y once de París y una ola de energía, una ola inmensa, sacudió el planeta.
Se permitió sentirlo. Absorbió la abrumadora energía que lo cubría como un manto y le entraba por los poros. Sus células reaccionaron ante la vigorizante fuerza impregnándose de bien y de bondad. Fue hermoso, placentero, y Michel no pudo evitar una sonrisa. El algo tan esperado por el segundo verso de la decimotercera profecía acababa de iluminar el mundo.
«La gran luz celestial».
Creyó por un instante que al fin llegaba la iluminación, pero tan rápido como llegó, el éxtasis se esfumó en el éter sin dejarle la consciencia cósmica. Ni el tiempo ni el espacio se detuvieron para siempre y él volvió a ser el mismo. Y entonces recordó, agobiado, que esa segunda señal marcaba la cercanía de los dos posibles desenlaces para la humanidad: un gran cambio positivo, o un fin horroroso y repulsivo. Ambas opciones estaban sobre la mesa.
Después de lo que sintió, le fue más difícil entender el porvenir.
¿Por qué, si empezaba así, en éxtasis, podía acabar tan mal?
Continúa en el libro completo → amazon.com · amazon.es